Lentamente, el ambiente de la música retorna a su normalidad prepandémica. La hora de la fecha en la que Debotox presentaría, al fin, su primer disco -grabado a comienzos de año y de título “La disputa más grande del arte”- se fue posponiendo lentamente; aunque la invitación databa originalmente a las 22:30, no fue sino hasta casi medianoche que la banda invitada subió al escenario del Marquee Session Live y comenzó con el show.
Tipo Idiota es una banda del palo, igual que Debotox e igual que las bandas de la mayoría de los asistentes. Rememoran estilísticamente al grunge de los 90s pero, en su afán de celebrarse a sí misma, la escena local se parece más al shoegaze de los 80s.
Las influencias de la banda invitada son claras. Hace acordar a los cortes más oscuros de Green Day, Nirvana y a las bandas que los de Seattle citaban como influencia. A sus temas les falta el sentido único de la melodía pop de las composiciones de Kurt Cobain -una falla más que entendible, de todos modos- pero, empujados por los bríos de su cantante y, sobre todo, de la energía que le impregna el baterista, Tipo Idiota logró montar un buen show para calentar a las masas y prepararlas para el plato principal.
Pasada la medianoche entró la banda principal a presentar su disco, disponible en formato CD, cassette y en plataformas de streaming. El sonido de Debotox puede describirse como una mezcla entre el grunge noventoso y el rock nacional rolinga. Es una banda que maneja muy bien los cambios de dinámica y muestran un amplio abanico de matices. El mejor ejemplo fue su tema “Dame suerte y tirame al mar”, que está inexplicablemente ausente del disco debut pero que decidieron incluir en su setlist en homenaje al padre del guitarrista.
Si Debotox tiene un talón de Aquiles, sin duda se halla en sus múltiples vocalistas. Usan un estilo que está meticulosamente estudiado para sonar descuidado; sin embargo, no siempre funciona correctamente. Utilizar múltiples voces, lejos de darles fuerza, pone de manifiesto la oportunidad perdida de formar armonías que sumen.
A mitad del set list entró como invitado el productor del disco, Marcelo Chipont, para agregar el teclado en la canción “Tocadisco”, lo cual le dio un toque distinto a la versión grabada.
Con respecto a esto último, algo que notamos es que la banda tiene un sonido más sucio y algo pesado en vivo, en comparación a la versión de estudio, algo que no nos parece errado, pero sí digno de notar.
Debajo, la gente disfrutaba ampliamente del momento. El lugar, que contaba con barra y un puesto de merchandising, estaba bastante lleno, y se notaba que la banda tiene una cantidad de seguidores fieles que los conoce y están dispuestos a alentarlos. Esto, respondido por el carismático baterista daba la sensación de complicidad que aligeraba el ambiente.
Sin duda, ambas bandas se esforzaron en proveer un buen espectáculo y la gente fue recíproca.